domingo, 6 de diciembre de 2015

BREVE RESEÑA: RATA BLANCA EN COCHABAMBA

Vi a la Rata después de mucho y fue inevitable recordar que el junte, después de años de separación, fue en Bolivia (Santa Cruz) hace más de una década y que también estuvimos ahí apoyando al metal latinoamericano y en posteriores conciertos que dieron en nuestra tierra. En esta oportunidad la banda se presentó muy sólida con un ataque en primera línea conformado por: Guillermo, austero y preciso; Adrián cantando impecable y Walter prolijo. La bata de Fernando una descarga brutal y el teclado de Danilo haciendo lo suficiente. Un repertorio con propuestas actuales y los clásicos arrolladores de siempre. No faltaron quienes, en filas, comentaban el paso de Bistolfi por Bolivia hace apenas unos días reconociendo a un histórico integrante de la banda.
Lo feíto: la organización que abrió puertas a las 11, vendió entradas por sectores “lounge” con mesas de kermesse, zonas vip y general. A los cumpas que pagaron lounge los mezclaron con VIP y general tras los barrotes. Y claro no le devolvieron la plata a los lounge por la invasión. Son pelotudeces que pasan cuando se segrega con fin mercantil. En un reciento pequeño como la cachita de futsal del Don Bosco, debiera haber única entrada y sin dramas capitalistas. A propósito del recinto, la acústica un desastre. Esa cosa está para el deporte y nada más, rebotada hasta el sonido del flash de las cámaras. Duro trabajo para PCM. Luces, una lágrima, si bien había buen equipo no atinaron en iluminar a los músicos y la cosa empeoró con poderosas led que pusieron de fondo de escenario y a baja altura provocando constante contraluz (dura batalla para los fotógrafos).
Walter tuvo problemas con su viola en varias oportunidades y casi casi no llega al solo de “La llave de la Puerta Secreta”, lo vimos sufrir con su técnico en pleno escenario, incluso pararon buen rato después del tema, pero no dejaron de presentarse ocasionales cortes al retorno. Lo bueno es que la gente comprende estás cosas y brindó apoyo a la Rata durante el “break” animando su retorno a escenario. Aunque todos esperaban “Preludio obsesivo”, Giardino, se mandó un solo novedoso y cacho distante a su evidente admiración por Blackmore o Malmsteen, terminó con una versión instrumental del clásico de Leonard Cohen que puso a la rockería cochala a corear “Aleluya”, cosa que quedó medio rara, pero en fin con cosas que pasan.
La música, cañón, las ratas hacen bien su trabajo, proponen historias entretenidas y, evitando siempre la controversia política, presentaron temas que se acomodan a la realidad de cualquier mortal con canciones que abrigan discursos políticamente correctos. Quizás esta sea la clave del éxito de la única banda latinoamericana de heavy metal que es parte del mainstream, que bien aprovecha FM ROCK, empresa organizadora del evento. Lo mejor de todo, encontrar a los amigos y generaciones unidas por el rock and roll. Lo especial, asistir a la escena con la nueva generación heredando el gusto por la música más poderosa del sistema solar.
La poderosa respuesta cochabambina, sin duda, se constituye aliciente para las organizadoras de eventos que pueden apostar por generar un circuito de difusión de bandas internacionales. Lástima que tanto empeño y respaldo, metalero y económico, aún no se dé para la escena local lo que abre mis sospechas de que estamos “sigue” reproduciendo en nuestras prácticas el pensamiento colonial. Será que seguimos pensando que ¿sólo lo extranjero es mejor? No hubo banda soporte nacional, un amigo músico de una banda me comentó que la organización cobra por este favor a la escena nacional, cosa que habría pasado en eventos anteriores, pero no pude constatar con el organizador que seguro andaba en sus afanes. Bien recuerdo que Barilari en ocasión anterior declaró “para nosotros tener bandas locales arriba del escenario nos hace sentir respaldados” en referencia a la presentación de Sacrilegio y Billy Castillo Group en ocasión del rencuentro de Rata Blanca en suelo boliviano.
La anécdota, el policía que me metió mano hasta dentro de las botas buscando armas blancas o de cualquier otro color, me dijo muy entretenido en la tarea: “es para que no se maten entre ustedes”, a lo que le contesté también animado: “y cuántos metaleros has visto en la cárcel”. En fin, termino esta breve reseña compartiendo algo que para mí en lo personal fue lo más cañón de la noche y es que no hubo nada más alucinante que corear junto a mi hija: “no seré uno más, rock and roll, vos me diste libertad”.
Salud… lml

Ernesto Guevara Quiroz