Mostrando entradas con la etiqueta ROCK BOLIVIANO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ROCK BOLIVIANO. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de febrero de 2026

ORUROCK: MÚSICA DESDE LA TIERRA DEL DIABLO

El rock boliviano inicialmente se desarrolla en las principales ciudades del eje troncal de Bolivia y en importantes centros de producción minera alrededor de la primera mitad de la década de los 60 promovido, en gran medida, por la inquietud de jóvenes artistas y empresas discográficas que vieron su potencial comercial. Oruro, la tierra del Diablo, se constituyó en importante referencia musical para el país y la región.

Pioneros, los mineros del rock boliviano

Por entonces, las empresas discográficas y radiodifusoras promovían festivales para identificar nuevos talentos que luego plasmarían su música en placas discográficas. Uno de estos festivales vio consolidarse al grupo Los Fantasmas en una primera etapa en formato instrumental, con la grabación de Go Go Fantasma, registrado por el sello Philips en el marco del Primer Concurso Nacional de la Canción en 1966; y luego se constituyó en uno de los principales referentes del rock orureño.  En 1970, Los Fantasmas de Oruro, comienzan a proponer canciones de corte psicodélico, registrando un nuevo EP con dos canciones: Ana María, composición de los hermanos Mendoza y Don't Let Me Be Misunderstood, un cover de The Animals.


Fueron integrantes de Los Fantasmas, en sus diversas etapas, los músicos: Enrique Mendoza en la primera guitarra, Ángel Castillo en el bajo, Nathaniel González en la voz, Axel Salvatierra en teclados, Justino Durán en batería, Hugo Mendoza en bajo eléctrico, Raúl Amurrio en la guitarra rítmica, Tino Durán en la batería, Leonardo Rodo, Hugo Karima en la percusión, Rolando Echeverría en sintetizadores, Rodolfo Berinduague en baterista, Freddy Rioja en percusión y Adolfo Sánchez en la voz alternativa.

A finales de los años 60, surge Los Batman en Machacamarca, a 30 kilómetros de la ciudad de Oruro, a la cabeza del compositor y cantante René Ajhuacho. El 11 de octubre de 1968 logró grabar su primera producción en el sello Caracol de Lauro Records que alcanzó éxito a nivel departamental, nacional e internacional con la canción Amor Feliz.

El mismo año nace Steepin Stones, convirtiéndose por su calidad interpretativa en uno de los grupos más importantes de la nueva era del rock boliviano. La formación inicial del conjunto reunía al ya célebre Nataniel González en la voz, Fernando González en guitarra, Ramiro Quieta en segunda guitarra, Ángel Queta Torres en el bajo eléctrico, Tordo La Fuente en batería y Leonel Rodo en teclados, quienes grabaron su primer EP por medio de la discográfica Polydor a través de Discos Méndez.


En 1970 surge el grupo Los Vagos, uno de los grupos más representativos de la escena musical boliviana por su alto nivel interpretativo que les permitió grabar cuatro EPs, el primero de ellos en el sello Psicofásico de Discos Mendez y luego en el sello Éxito de Discolandia para la edición de:
Distinta, Fingiste Quererme y Más Vale ser Vago que Rico. Los Vagos de Oruro contó con los músicos: Raúl Rojas en primera guitarra, Gustavo Zelaya en guitarra rítmica, Alfredo Alanes y Ramiro Pino Fajardo en el bajo eléctrico, Jorge Morales en batería, Mario Luis Mercado Rodríguez en la voz y Rolando Echeverría en los teclados.



En 1973, el compositor y cantante Nataniel Gonzales, formó parte de la primera alineación del grupo Wara aportando con composiciones para el álbum “El Inca: Música Progresiva Boliviana” considerado el álbum más importante de la historia del rock boliviano que incluye la canción Realidad que figuró varias veces como el tema más importante del rock boliviano en rankings de programas de radio nacionales.

En la década de los 70's surge otro proyecto de rock psicodélico. EL Grupo Ceniza de destacado desempeño instrumental bajo la dirección de Macario Lluta, junto a Carlos Aldunate en primera guitarra, Freddy del Carpio en bajo y voz, Leonel Rodo en teclados y Tordo Lafuente en batería, quienes registran su trabajo musical en sello Heriba entre los años 1974 y 1976, siendo su producción más destacada Carimbo Cirimbo, un cover del brasileño Pinduca, el instrumental Marcelino con alta influencia del estilo de Santana, el beat Locura y la canción Recuerdos.

En la localidad minera de Huanuni surge un grupo de trabajadores mineros, se trata de Los Ovnis, con fuerte impacto en la cultura musical boliviana desde mediados de los 70 y recientemente de retorno en escenarios del país, es uno de los grupos más importantes de la historia del rock boliviano. Los Ovnis de Huanuni, son excelentes cultores del rock psicodélico y el folk rock boliviano con canciones como Gente Pobre, Minero o Ya No Escucho Tu Voz.

Este grupo fue uno de los primeros en incluir mujeres en su formación, siendo sus integrantes: Absalón Zabala en la guitarra y voz, sus hermanas Noemy y Sara, bajista y tecladista respectivamente, Moisés Rivera en la batería, Roberto Montero, primer vocalista del grupo y Rosario Rivera, voz en el último EP de la primera banda de rock mixta de la historia de Bolivia.

Rock en tiempo de crisis

Los Ovnis fueron el último gran grupo orureño de los años 70s que además de aportar con excelente música, tuvieron que lidiar con las características de la dictadura del Gral. Banzer. El paso hacia la nueva década se caracterizó con la presencia militar en Palacio de Gobierno y una profunda crisis económica que golpeó a todas las actividades del país, y ni qué decir a las artes como la música rock.



En los años 80, la producción discográfica de rock se vio afectada tanto por la crisis económica como por el advenimiento de la música disco, pop, el folklore comercial y la música tropical que coparon la atención de las discográficas. El rock psicodélico y la nueva ola boliviana comenzaron a cobrar un tono clásico destinado al baúl de los recuerdos, mientras surgía una intensa en la comunidad rockera del país una atención por el heavy metal muy distante de la música comercial de ese tiempo. Por entonces pocos grupos a nivel nacional lograron grabar su trabajo como Metalmorfosis, OM o Trueno Azul. Los grupos cultores del rock y especialmente del heavy metal formaron la escena underground, protagonizando hasta finales del siglo XX festivales estudiantiles o eventos promovidos por programas de radio como Viva el Rock o Rock a tu Nivel.



En los años 90, a nivel nacional poco a poco volvieron a aparecer grabaciones de bandas de rock como Sacrilegio en Cochabamba, Dixi o Track en Santa Cruz; además, surgieron grupos más próximos al sonido más accesible como Coda 3, Loukass, Dies Irae o Annada. Entre tanto, el underground metalero, caracterizado por su independencia y marcada distancia del mainstream local, comenzó a segmentar los estilos musicales producidos dando paso a las primeras subdivisiones del heavy metal como thrash, death o black metal, que no lograron ser parte de la industria discográfica local. Algunas bandas de la época documentaron sus propuestas musicales en cassettes de producción autónoma o en compilados promovidos por programas de radio o fanzines. En esta época destacan bandas como Astral, Estertor, Lyzer Zort, Druidacaronta, Sobibor, Cámbrico, Bituminoso Piélago, Lio G, Abraxas, Profecía, K-Oz, Xantoma, Paranirvana, Aurea, Arcano, Espíritu Venéreo, Narco Necrosys, Arise,  y, la banda de culto, D´Austria.

Metal de la Capital Folklórica de Bolivia

Desde la Capital Folklórica de Bolivia no resulta extraño que en el nuevo siglo continúen las innovaciones producto de la fusión del rock o el metal con el folklore boliviano. Las bandas bolivianas de heavy metal de las últimas dos décadas del siglo XX, no hicieron fusión con el folklore y se mantuvieron fieles a la estética occidental del heavy metal y sus variantes hasta que en 2002 el grupo Bajo Tierra grabó el tinku titulado El Sariri, composición de Nataniel Gonzales, que junto a El Minero, un huayño de Jaime Medinacelli, pusieron a la banda orureña frente al dilema de abrir la escena metalera a la fusión con el folklore o mantenerse exclusivamente con la estética tradicional.



Inicialmente hubo mucho rechazo de fieles al heavy metal de la vieja escuela; pese a ello, en 2004 el álbum Jallpa Urapi de Bajo Tierra incluyó estas primeras experiencias de canciones folklóricas con estética de heavy metal. En su segundo álbum de 2006 titulado Al Diablo, Bajo Tierra incluye versiones metaleras de las canciones de Wara: Agua Clara y Aymara; además de ello, la morenada Aromeñita de Manuel Soliz también en versión metalera.

Por entonces, la aceptación a la fusión del heavy metal con el folklore fue creciendo lentamente. La experiencia de interpretar canciones del folklore nacional en estética metalera fue replicada en La Paz por Alcoholica con la canción de Los Masis Celia y Armadura con Ama Sua Ama Llulla Ama Qhella de Kala Marka. Poco tiempo después se editaron dos discos compilatorios: el “Tributo a los Kjarkas” y “Metal Marka”, álbumes que agruparon a varias bandas de rock y metal en torno a canciones del folklore, con lo que se consolidó una nueva vertiente musical, el folk metal boliviano, que no tardó mucho en proponer composiciones con esta estética de bandas que adoptaron esta nueva forma de rock metal boliviano.

Al cierre de este artículo, Nataniel Gonzales, presentó su nuevo álbum “Buscando en el Tiempo” reafirmando su sólida reputación como pionero del rock progresivo boliviano que incluye la participación de Bajo Tierra y la Orquesta Sinfónica de Oruro.



Bandas del nuevo siglo

No cabe duda que el acceso a nuevas tecnologías para la producción digital de música ha permitido la documentación del trabajo musical de las bandas en el nuevo siglo que transcurre. El monopolio de la grabación se ha perdido y las producciones independientes, así como las diversas plataformas para distribución de música lograron amplificar el grito artístico de una nueva generación de músicos y de alguna manera la revitalización del archivo sonoro de la historia del rock. Medios digitales como Púrpura en Línea, El Fin del Silencio o programas de alcance nacional como Axesso, Resistencia o Stereo Top Bol se han encargado, en las últimas dos décadas, de difundir la música de las bandas del nuevo siglo.



En los años recientes, plataformas de digitales permiten la difusión independiente del trabajo de los grupos musicales y el surgimiento de espacios especializados. Son muchas las bandas que lograron mayor visibilidad en el nuevo contexto tecnológico para la difusión de la música de la tierra del Diablo, a continuación, mencionamos a algunas de ellas. Siempre con el riesgo de seguras omisiones, sepa el lector, son involuntarias y más bien considere este listado como una invitación a buscar y disfrutar del rock orureño en sus diversos géneros: 1979, Acedia, Animal Blasfemo, Arthurus, Azul Pezado, Brokam, Carlos Villegas, Crucifexus, Espectro, Espíritus del Vino, Eternal Blood, Evoke, Godless in Grace, Hand Connection, Hell Satan, Herodes Antipas, Hilaco, K´ernovil, Khoba, La Contra, Leocadia, Maze of Torment, Migraña, Murciélago, Murdok, Mush, Nico Estrella, No More Play, Orión, Oscura Evocación Humana, Paria, Personajes de Ficción, Pezados, Planeta Zombie, Radicario, Rigor Mortis, Sagah, Sat, Smokers, Sonder, Subliminal, Tormento Horrendo, Tumba Ancestral, Turbo Drive, Vadik Barrón y Yamil García.



Por otra parte, la actividad musical en este tiempo demanda la intervención de profesionales del sonido y la producción musical. Los orureños Gigio Diaz, Alejandro Tórrez y Kevin Gutiérrez son actualmente y desde hace varios años, importantes referentes de la producción musical, especialmente de géneros del rock.

 

¿Dónde está la Ira?

Es la pregunta que hace el arcángel Miguel para convocar al diablo que representa el pecado capital de la Ira. Éste, cegado por la ira estrella su máscara con el suelo mientras dice: “esta es la máscara del opresor…”, acto seguido el arcángel pisotea la máscara como metáfora de victoria frente al mal. De inmediato suena la danza de la diablada que marca el ritmo de la marcha de los pecadores hacia el Templo del Socavón. Esta escena, parte del Relato de la Diablada, sucede todos los “lunes de carnaval” en Oruro. Los diablos, liberados del pecado son habitantes de la ciudad que le piden de rodillas a la Virgen del Socavón que ella “suplique por su alma”. Esos mismos diablos escriben, pintan, esculpen y cantan las historias de su pueblo y otras soñadas; muchos de ellos, expresan su visión del mundo por medio del rock.

Estos elementos de la cultura minera de Oruro hacen única la propuesta musical del rock local, llena de sonidos e historias mitológicas, una identidad que ha impregnado también la identidad nacional del rock boliviano que se invita a explorar, conocer, cultivar y disfrutar.


FUENTE: Gritos Subterráneos: Relatos e Historias del Rock y Metal en Bolivia, serie: "Perspectivas y resistencias Musicales" Volumen 3, n° 1, 2025.




miércoles, 15 de octubre de 2025

Memoria del Rock Boliviano, en el Museo de la UMSS

Memoria del Rock Boliviano es una exposición montada por el Centro Púrpura con valioso material de su radio “on line” que convoca la nostalgia y reafirma el orgullo del arte musical boliviano, en adhesión a las actividades que conmemoran el 74° aniversario del INIAM-UMSS.


La muestra incluye material discográfico de 6 décadas de producción rockera en sus diversos géneros, desde la nueva ola de mediados de los años 60, pasando por la psicodelia y el rock progresivo de los 70s, el hard rock, el heavy metal y las diversas expresiones musicales de nuestro tiempo adscritas al género inmortal, el rock. Los ítems en exhibición son soportes diversos y acordes a las tecnologías disponibles a lo largo del tiempo como vinilos de 7 y 12 pulgadas, cassettes y CDs. También se advierte material impreso como revistas, fanzines y libros con investigaciones y artículos que cuentan historias del rock boliviano.


Quien visite la exposición encontrará los inolvidables EPs de 7 minutos por lado como aquellos de Humberto Castillo, Los Grillos, Los Ovnis, Grupo 606, 50 de Marzo, Los Vagos, Steppin Stones, Los Signos o Mandrill. También la muestra permite apreciar el primer LP, larga duración, de esta historia que fue WARA “El Inca” Música Progresiva Boliviana y otros como los legendarios “Gusano Mecánico” del grupo Climax, “A los Niños con Amor” de Estrella de Marco o trabajos de Luz de América. Joyas cochabambinas como Sacrilegio o EZ están presentes y el característico rock noventero de Loukkas, Coda 3, Dies Irae, Dixi, Wapb´s y mucho más.


Los cassettes nos llevan a los primeras experiencias de música portátil con muestras como Llegas o Pateando al Perro ymuetras retro como ediciones de Trilogia o Trueno Azul. CDs hay varios, el primero que fue de la banda cruceña Track con el clásico álbum “Ave Fenix” y los primeros trabajos de Alcoholika, Oil, Daga, Atajo, A Pie, Esotherica o trabajos recientes de Vadik Barrón, Ethernals, Sajra, Las Ovejas Negras o Hate, entre tantos otros.


Una señal de militante retorno al soporte análogo para disfrutar de la música son los ítems de ediciones en vinilos de álbumes clásicos de Track, Necromancy o Deszaire todos con más de 20 años desde su lanzamiento, o los nuevos trabajos de Octavia o Bajo Tierra que se editaron recientemente en vinilo de 12 pulgadas. En síntesis, la exposición “Memoria del Rock Boliviano” es una invitación al encuentro con la historia viva de la música boliviana que cabe redundar, en esta ocasión, conmemora los 74 años del Museo Arqueológico de la UMSS que este jueves 16 de octubre contará con una celebración musical con vinilos que brindará Nycolle Marcela de Púrpura en Línea.


Púrpura en Línea es una radio, dirigida por el músico y comunicador Ernesto Guevara Quiroz, que transmite 24 horas de rock boliviano desde Bolivia para el mundo entero hace una década, su programación incluye prestigiosos programas producidos en La Paz, Oruro, Cochabamba y Potosí como Resistencia, Stereo Top Bol, Hecho en Casa, El Fin del Silencio, Arena Rock, Vórtice, Lecturas Sonoras, Alza tu Voz, Melodías Metálicas, la Hora de las Brujas o Vinileando con Nycolle. Todos ellos compartiendo un objetivo común, la difusión del rock boliviano y la contracultura.


FUENTE: Opinión

martes, 9 de mayo de 2023

TRACK celebra 30 años del álbum Ave Fenix con edición de lujo en vinilo

 

Con un simple texto en sus redes oficiales, TRACK, anunció la puesta a la venta del álbum AVE FENIX en formato vinilo que conmemora los 30 años de este clásico del rock boliviano invitando a los seguidores y coleccionistas a adquirir esta obra musical en el formato más apreciado por los melómanos.

 “Nos complace mucho presentarles este regalo por los 30 años de TRACK:
NUESTRA VERSIÓN EN VINILO DEL DISCO AVE FÉNIX
Pueden adquirirlo desde este 10 de Mayo en su edición de lujo “VINILO SPLATTER AZUL” para coleccionistas.
SOLICITA EL TUYO AL 70444720
ADQUIRÍ YA MISMO TU COPIA”

TRACK que es una de las bandas míticas y pilar fundamental de la Historia del Rock Boliviano. Alrededor de la deslumbrante guitarra de Glen Vargas se han iniciado algunos de los mejores músicos del país. Surgida tras la disolución de TRILOGIA, banda pionera del rock boliviano, hacia 1990 con el demo titulado Golpea Tus Sentidos; comienzan a escribir una de las mejores páginas del rock nacional. 

Dos años más tarde sellaron en una placa discográfica el mítico álbum "Ave Fénix", grabado en Cochabamba. Por increíble que parezca en casi un año este disco agoto su edición, convirtiéndose hasta nuestros días en una obra cumbre del Rock boliviano.


Éxitos como "Ave Fénix", "Pero Mama", "Levántate Vago" y "No Puedo" se han convertido en auténticos clásicos de nuestro rock. De esta manera, el grupo llego a tocar en casi todas las ciudades capitales del país y sus canciones fueron "número uno" en decenas de emisoras.


 

 

FUENTE: Track

FOTO: Antonio Cajías, La Comunidad del Vinilo

lunes, 13 de febrero de 2023

Los Ovnis de Huanuni: viaje al centro de la mina del rock boliviano (parte I)

A los 68 años, Moisés Rivera está viviendo su segunda juventud roquera. Su pelo cenizo es el único indicador de una edad que, por lo demás, está bien guardada debajo de su indumentaria oscura: jean, polera estampada, chamarra tejida y botines de punta. Forrado de negro, como metalero. Parece algo encorvado, pero sigue siendo un hombre alto y flaco, que camina a su ritmo, ni lento ni apurado. Más andantino que andante. A cualquiera que lo haya visto y escuchado solo unas horas antes, aporreando su batería y cantando “Minero eres tú…” al menos tres veces para un enfebrecido auditorio al noreste de Cochabamba, le costaría creer que sea la misma persona que acaba de llegar manejando hasta el centro de la ciudad. El secreto de su vitalidad ya estaba escrito en el himno de 1974: es un hombre con “pulmón de metal”.

Don Moisés, como lo llaman más por su condición de caballero del rock que por su bien disimulada edad, es una leyenda viva de la música boliviana. O mejor: una leyenda resucitada de la música boliviana. A principios de los años 70 del pasado siglo, fundó, junto con Absalón Zabala, Los Ovnis de Huanuni, una banda de rock psicodélico que, pese a una bien ganada popularidad a mediados de aquella década, hasta hace poco era olímpicamente “ignorada por la narrativa oficial del rock boliviano”. Así lo escribió el crítico musical Javier Rodríguez-Camacho, en un artículo de 2013 que pasa revista a las grabaciones del grupo que fueron “redescubiertas” gracias a su publicación en plataformas digitales.

Su “desaparición” de la historia del rock nacional se debió, justamente, a la dificultad para acceder a los cuatro discos (todos EP) que grabaron a partir de 1974, pero algo, o mucho, también tuvo que ver su origen “pueblerino”, huanuneño, para ser más exactos. No eran ni son unos ovnis más: eran y son Los Ovnis de Huanuni, uno de los principales centros mineros de Bolivia, un “pueblo” del este orureño que, en los años del auge del estaño, podía mover más gente y dinero que la ciudad capital de su departamento. Huanuneños eran Moisés y Absalón, pero también Roberto Montero (su primer cantante), así como Noemí y Sara Zabala, bajista y teclista de la formación histórica del grupo (y, a la sazón, hermanas menores de Absalón).

La vida artística de Los Ovnis de Huanuni transcurrió a la sombra de la escena musical de La Paz, Cochabamba u Oruro.  Y no es que les faltaran oportunidades para tocar fuera de su tierra natal. De hecho, lo hicieron en las principales ciudades de Bolivia y en otros países, como Argentina, Chile, Colombia y Perú. Sin embargo, su área de influencia inmediata eran Huanuni y los centros mineros aledaños, los cuales recorrían en exitosas presentaciones. Sus composiciones llegaron a públicos masivos gracias a la red de radios mineras de la época, acaso el sistema comunicacional más potente de esos años. Sus discos los grabaron en Cochabamba (Lauro) y La Paz (Heriba), sus canciones se escuchaban en gran parte del país, pero su público más fiel era el de sus padres, hermanos y amigos, ese que trabajaba y vivía en las minas altiplánicas a las que dedicaron sus dos mayores himnos, “Minero” y “Gente pobre”.

Esas y otras canciones, como “Mi canto triste”, “Silvia”, “Cosas rústicas”, “Compréndeme” o la aún muy radial “Sé que no vendrás”, fueron invadiendo YouTube a principios de la pasada década, cual genuinos extraterrestres: objetos musicales no identificados salvados de una galaxia sónica extraviada desde los 80, esos años en que sus voces, al igual que los mineros, fueron expulsadas de golpe y porrazo de la historia boliviana. Curiosamente, su recuperación digital coincidió con un nuevo periodo de prosperidad minera, derivado de los altos precios internacionales. Como el estaño, las canciones de Los Ovnis de Huanuni volvieron a cotizar alto en compilados dispersos, salidos de viejos vinilos aguijoneados por la acumulación de años y polvo, que desprendían sonidos próximos al Santana de “Samba pa ti”, al Deep Purple de “Child in time” o, sin ir más lejos, a Los Jaivas de “Todos juntos” y los Wara de “Realidad”.

Fue en esos mismos años que don Moisés comenzó a maquinar seriamente la resurrección definitiva de la banda, que se había disuelto a principios de la década perdida. Absalón había muerto unos años antes, Noemí se había ido a vivir a Cochabamba y Sara a Argentina, así que la tarea no iba a ser sencilla. Sin soltar las baquetas se afirmó también como cantante, un rol que no le era ajeno, pues, tras la partida de Montero, eran él y Absalón los que se intercalaban en la primera voz de Los Ovnis de Huanuni. Con la paciencia del minero que explora una veta hasta dar con la ambicionada materia, comenzó a buscar nuevos músicos y a imaginarse una jubilación menos monacal que la del sesentón promedio. Quería completar la aventura musical que habían interrumpido los años 80 y que lo habían convertido en un minero a tiempo completo. Jubilado de la minería, podía volver a la música.

El proyecto finalmente cuajó a finales de 2022. Más allá de esporádicas “tocadas” durante los años previos en Oruro, donde Moisés vive, el anuncio de conciertos en otras ciudades para los últimos meses del año pasado fue la señal definitiva de que Los Ovnis de Huanuni habían resucitado. Tocaron en El Alto, Sucre y La Paz. Y a principios de 2023 comunicaron que llegarían a Cochabamba el 5 de febrero. Y así lo hicieron, volvieron. Porque Cochabamba no es una ciudad más de las que Los Ovnis visitaron en sus años de esplendor: es la primera ciudad fuera de Huanuni en la que tocaron. La ciudad que sirvió de parteaguas en su carrera.

De esa su “primera vez” en suelo cochabambino quiere hablar don Moisés en esta tarde de febrero. Ya habrá tiempo para comentar el concierto de anoche en el local Valluna. Lo habrá también para rememorar los inicios de la banda en Huanuni. Y también para recapitular sus grabaciones, el dinero que les trajo, la popularidad que conocieron y las diferencias que los separaron. Ahora mismo, la memoria se impone y lo lleva a 1971, a los meses previos al golpe de Estado que llevaría a Banzer al poder.

Aún no habían cumplido la mayoría de edad, pero Moisés y Absalón ya llevaban un tiempo juntos haciendo música. Su banda se llamaba por entonces Red Socks, un nombre que, además de pertenecer al popular equipo de beisbol bostoniano, lo había llevado un grupo “nuevaolero” cochabambino algo más antiguo. (En su libro Rock Boliviano, Marco Basualdo consigna que los Red Socks vallunos se formaron en los primeros años de los 60 y grabaron dos EP, entre 1965 y 1967. A los que no alude ese título es los otros Red Socks, los de Huanuni, como tampoco se acuerda de Los Ovnis en que se convirtieron un tiempo después.)

Don Moisés recuerda la primera formación huanuneña como un cuarteto en el que él era baterista, Montero cantaba, Absalón tocaba la guitarra y Noemí se colgaba el bajo. Ya se los conocía en el centro minero, porque se presentaban para animar fiestas locales. Un día en que no estaban ensayando ni tocando, Moisés y Absalón se hallaban bebiendo en un bar donde se toparon con un militar. “Teníamos problemas con los militares, como habían venido a balear a mi pueblo”, cuenta bajando la voz, como si de un secreto inconfesable se tratara, antes de reconocer que, “mareaditos” como estaban por efecto del alcohol, se armaron de valor para encarar al oficial. “Carajo, a este mierda le sacamos su puta aquí”, recuerda que le dijo a Absalón. “No pueden venir los militares donde estamos tomando. Son enemigos de clase”, le respondió su compañero. Se acercaron al uniformado, lo insultaron y, al percibirlo bravucón, le sacaron “su puta” y algunas cosas más: la escarapela de su kepi y los grados de su uniforme.

La pelea llevó a que la Policía se movilizara para buscarlos. Asustados porque ya los habían identificado, se escondieron y resolvieron escapar. Pero no podían irse solo ellos dos. A los que buscaban eran los cuatro Red Socks, no solo Absalón y Moisés. Una madrugada fueron a recoger sus instrumentos y equipos de la casa de los Zabala y se marcharon hacia Cochabamba. Los llevó en su auto el papá de Montero, quien, tras una parada previa en Oruro, los dejó en una plazuela cochabambina, en la zona de Mayorazgo. “Todo estaba lleno de árboles, choclos, se sentía el olorcito de los eucaliptos: una belleza”, recuerda don Moisés de su primer encuentro con el otrora valle de Kanata. Extraños en el lugar y menores de edad, los chicos no sabían muy bien cómo arreglárselas mientras en Huanuni seguía el revuelo por sus “exabruptos anticastrenses”. Para su suerte, una “típica qhochala”, de pollera y sombrero de copa alta, se acercó curiosa y, en quechua, les preguntó de dónde eran. Como ellos también lo hablaban, no solo le respondieron, sino que le narraron todo su calvario. La mujer se apiadó de los revoltosos y se los llevó a su casa. Los alojó en una sala grande, salvo a Noemí, a quien acomodó en la habitación de sus hijas.

Sin poder hacer mucho más, los cuatro se entregaron a los ensayos. Sus instrumentos y amplificadores les permitían perfeccionar las canciones de otros grupos que por entonces tocaban. Aunque su anfitriona los alimentaba y cuidaba con la incondicionalidad de una madre, cayó en cuenta de que no podían seguir encerrados. Los animó a salir para buscar espacios donde presentarse en vivo. Ella misma les consiguió su primer concierto fuera de Huanuni, en Cochabamba. Paradojas de la historia (de Los Ovnis y de la Bolivia del siglo XX), fue nada menos que en el Círculo Militar del Ejército, en el Prado. La trifulca con un militar los hizo “exiliarse” de Huanuni para comenzar su carrera nacional en un predio militar de Cochabamba. No fue un acontecimiento de la institución armada, eso sí, sino un cumpleaños. “Esa actuación nos abrió las puertas”, revela don Moisés.

A su solvencia para interpretar un repertorio que “hacía bailar a la gente” se sumó la disponibilidad de equipos que los hicieran escuchar como profesionales. El baterista se acuerda de sus amplificadores de esos días con la misma precisión con que años más tarde se familiarizaría con la maquinaria minera. Así como en los 70 cargaba amplificadores Black Hawk y Guyatone, en los 80 aprendió a domesticar perforadoras Atlas y soldadoras Denver. Las invitaciones para tocar se multiplicaron, sobre todo en colegios. Si la memoria no le falla, cree que tuvieron conciertos en los colegios Don Bosco y México de Quillacollo. El grupo comenzaba a ganar popularidad, así que ya no podía seguir siendo Red Socks, un nombre prácticamente maldito en su natal Huanuni tras el incidente con el militar. Un día se consiguieron un diccionario de inglés-español y, al llegar a la “U”, descubrieron una palabra que los deslumbró de buenas a primeras: UFO. La abreviatura de “unidentified flying object” se les hizo pegajosa y también su traducción: OVNI. “Pero no nos podíamos llamar solo Ovni, porque éramos cuatro, teníamos que ser Los Ovnis. Íbamos a ser Los Ovnis de Huanuni”, sentencia don Moisés.

(Fin de la primera parte de este artículo, que continuará la siguiente semana.)

Foto principal: Nycolle Zurita
FUENTE: Santiago Espinoza, La Ramona, Opinión

martes, 2 de agosto de 2022

El Gusano Mecánico y La Historia de Climax


La Cinemateca Bolivia en FUNCIÓN ÚNICA presentará la LA HISTORIA DE GUSANO MECÁNICO Y CLIMAX el próximo viernes 19 de agosto. Se trata de un documental dirigido por Alejandro H. Ríos Pérez que incluyendo entrevistas a los integrantes de la legendaria banda de rock progresivo boliviano CLIMAX narra su historia y la producción del álbum GUSANO MECÁNICO, pieza clave de la discografía boliviana del siglo XX.

El audiovisual está dirigido a hombres y mujeres entre 20 y 75 años, según ficha de la Cinemateca Boliviana. Tiene una duración de 108 minutos y la entrada tendrá un costo de Bs.30.

viernes, 29 de julio de 2022

Bajo Tierra: ángeles y demonios

Los hermanos Guevara apuestan en grande con una edición en vinilo de su tercer álbum: Suplica por mi alma, con claras alusiones a su origen orureño, y ponen de nuevo a andar su máquina heavy metal.

- ¿Cuál es el concepto del nuevo álbum?

- Suplica por mi alma es nuestro tercer álbum, tiene ocho temas que son composiciones de los integrantes de Bajo Tierra. El lado B del disco propone una lectura colectiva de los problemas medioambientales y sociales que vive la humanidad y el lado T aborda temas de corte personal, desde el amor hasta el duelo por la muerte de los seres queridos, proponiendo así una lectura musical de hechos de interés masivo e individual con los que la población puede empatizar.


- ¿Qué los decidió a hacer también una edición en vinilo?

- El formato clásico nos ayudó a marcar los opuestos como lo colectivo y lo individual, aprovechando cada lado del disco y, en el diseño, incluir más relaciones de este tipo como impresión de la portada con caras externas a color e interiores en blanco y negro: el diablo desafiando al ángel, porque de cierta forma todos los seres humanos somos un poco ángel y otro poco demonio y vamos transitando la vida tratando de vivir en equilibrio, procurando la paz. El vinilo transparente nos ayuda a representar la actitud con la que hacemos música, sin autocensura, con honestidad.


Además de lo creativo, nos animamos a editar el nuevo disco en vinilo en consideración a los melómanos que se dan el tiempo para seguir el ritual que permite el formato, como es quitar el plástico de protección, sacar el disco, colocarlo en un tornamesa, ubicar la aguja con mucho cuidado y precisión para luego deleitarse con el arte y entrar en comunicación con la banda gracias a la información que se incluye en gráfica y textos. Desde ya es una edición de colección y limitada.


Suplica por mi alma es el primer disco en vinilo de heavy metal boliviano, en este retorno del formato clásico al consumo mundial. Fue posible gracias a las gestiones de María Fernanda Antuña de Turu Producciones.


- ¿Cómo ven el movimiento del heavy metal en Bolivia?

- El encierro por la pandemia y las medidas posteriores que limitaron los espacios en los que se suele mover la música en general, ha tenido a los músicos esperando el momento para volver a escenario, cosa que se está dando desde esta gestión con fuerza. Vemos con agrado que bandas colegas están ensayando, realizando presentaciones y lanzando nuevo material en sencillos y álbumes. Estamos viviendo la reactivación en general de las expresiones artísticas. Viejas y nuevas bandas vuelven a los escenarios en diversos espacios nacionales e internacionales que convocan a este género musical que definitivamente va marcando su inmortalidad.


En esta gestión ya tuvimos la oportunidad de tocar en el Unirock 2022 de Cochabamba y Santa Cruz junto a grandes bandas nacionales como Sajra, Ameba y muchas más. También presentamos nuestro nuevo disco en Oruro junto a Azul Pezado y en Cochabamba junto a Tim Ripper Owens (N.d.E.: Cantante estadounidense de rock, ex Judas Priest entre otras bandas) Creo que muchos estamos de regreso y hay muchas más bandas nuevas, eso le hará mucho bien al movimiento metalero del país.


- ¿Qué tienen planeado para este año?

- En los próximos días tendremos nuestro nuevo álbum en más de 30 plataformas virtuales para música, porque firmamos con Gorilla Gas Records & Management, gracias a Walter Krpan que está gestionando todo nuestro catálogo. También queremos tocar en cuanto espacio sea posible alrededor del país y volver a girar en la comunidad underground metalera de Argentina, ya que retomamos contacto con quienes hemos construido una red de difusión del under hace muchos años, que denominamos “Uniendo fuerzas”. Después volveremos a estudio a trabajar un nuevo material.
FUENTE: Vadik Barrón, La Trini Revista Cultural