El rock boliviano inicialmente se desarrolla en las principales ciudades del eje troncal de Bolivia y en importantes centros de producción minera alrededor de la primera mitad de la década de los 60 promovido, en gran medida, por la inquietud de jóvenes artistas y empresas discográficas que vieron su potencial comercial. Oruro, la tierra del Diablo, se constituyó en importante referencia musical para el país y la región.
Pioneros,
los mineros del rock boliviano
Por
entonces, las empresas discográficas y radiodifusoras promovían festivales para
identificar nuevos talentos que luego plasmarían su música en placas
discográficas. Uno de estos festivales vio consolidarse al grupo Los Fantasmas
en una primera etapa en formato instrumental, con la grabación de Go Go Fantasma, registrado por el sello
Philips en el marco del Primer Concurso Nacional de la Canción en 1966; y luego
se constituyó en uno de los principales referentes del rock orureño. En 1970, Los Fantasmas de Oruro, comienzan a
proponer canciones de corte psicodélico, registrando un nuevo EP con dos
canciones: Ana María, composición de
los hermanos Mendoza y Don't Let Me Be Misunderstood,
un cover de The Animals.
Fueron
integrantes de Los Fantasmas, en sus diversas etapas, los músicos: Enrique
Mendoza en la primera guitarra, Ángel Castillo en el bajo, Nathaniel González
en la voz, Axel Salvatierra en teclados, Justino Durán en batería, Hugo Mendoza
en bajo eléctrico, Raúl Amurrio en la guitarra rítmica, Tino Durán en la
batería, Leonardo Rodo, Hugo Karima en la percusión, Rolando Echeverría en
sintetizadores, Rodolfo Berinduague en baterista, Freddy Rioja en percusión y
Adolfo Sánchez en la voz alternativa.
A
finales de los años 60, surge Los Batman en Machacamarca, a 30 kilómetros de la
ciudad de Oruro, a la cabeza del compositor y cantante René Ajhuacho. El 11 de
octubre de 1968 logró grabar su primera producción en el sello Caracol de Lauro
Records que alcanzó éxito a nivel departamental, nacional e internacional con
la canción Amor Feliz.
El mismo año nace Steepin Stones, convirtiéndose por su calidad interpretativa en uno de los grupos más importantes de la nueva era del rock boliviano. La formación inicial del conjunto reunía al ya célebre Nataniel González en la voz, Fernando González en guitarra, Ramiro Quieta en segunda guitarra, Ángel Queta Torres en el bajo eléctrico, Tordo La Fuente en batería y Leonel Rodo en teclados, quienes grabaron su primer EP por medio de la discográfica Polydor a través de Discos Méndez.
En 1973, el compositor y cantante Nataniel Gonzales, formó parte de la primera alineación del grupo Wara aportando con composiciones para el álbum “El Inca: Música Progresiva Boliviana” considerado el álbum más importante de la historia del rock boliviano que incluye la canción Realidad que figuró varias veces como el tema más importante del rock boliviano en rankings de programas de radio nacionales.
En la década de los 70's surge otro proyecto de rock psicodélico. EL Grupo Ceniza de destacado desempeño instrumental bajo la dirección de Macario Lluta, junto a Carlos Aldunate en primera guitarra, Freddy del Carpio en bajo y voz, Leonel Rodo en teclados y Tordo Lafuente en batería, quienes registran su trabajo musical en sello Heriba entre los años 1974 y 1976, siendo su producción más destacada Carimbo Cirimbo, un cover del brasileño Pinduca, el instrumental Marcelino con alta influencia del estilo de Santana, el beat Locura y la canción Recuerdos.
En
la localidad minera de Huanuni surge un grupo de trabajadores mineros, se trata
de Los Ovnis, con fuerte impacto en la cultura musical boliviana desde mediados
de los 70 y recientemente de retorno en escenarios del país, es uno de los
grupos más importantes de la historia del rock boliviano. Los Ovnis de Huanuni,
son excelentes cultores del rock psicodélico y el folk rock boliviano con
canciones como Gente Pobre, Minero o Ya No Escucho Tu Voz.
Este grupo fue uno de los primeros en incluir mujeres en su formación, siendo sus integrantes: Absalón Zabala en la guitarra y voz, sus hermanas Noemy y Sara, bajista y tecladista respectivamente, Moisés Rivera en la batería, Roberto Montero, primer vocalista del grupo y Rosario Rivera, voz en el último EP de la primera banda de rock mixta de la historia de Bolivia.
Rock
en tiempo de crisis
Los
Ovnis fueron el último gran grupo orureño de los años 70s que además de aportar
con excelente música, tuvieron que lidiar con las características de la
dictadura del Gral. Banzer. El paso hacia la nueva década se caracterizó con la
presencia militar en Palacio de Gobierno y una profunda crisis económica que
golpeó a todas las actividades del país, y ni qué decir a las artes como la
música rock.
En
los años 80, la producción discográfica de rock se vio afectada tanto por la
crisis económica como por el advenimiento de la música disco, pop, el folklore
comercial y la música tropical que coparon la atención de las discográficas. El
rock psicodélico y la nueva ola boliviana comenzaron a cobrar un tono clásico
destinado al baúl de los recuerdos, mientras surgía una intensa en la comunidad
rockera del país una atención por el heavy metal muy distante de la música
comercial de ese tiempo. Por entonces pocos grupos a nivel nacional lograron
grabar su trabajo como Metalmorfosis, OM o Trueno Azul. Los grupos cultores del
rock y especialmente del heavy metal formaron la escena underground,
protagonizando hasta finales del siglo XX festivales estudiantiles o eventos
promovidos por programas de radio como Viva el Rock o Rock a tu Nivel.
En los años 90, a nivel nacional poco a poco volvieron a
aparecer grabaciones de bandas de rock como Sacrilegio en Cochabamba, Dixi o
Track en Santa Cruz; además, surgieron grupos más próximos al sonido más
accesible como Coda 3, Loukass, Dies Irae o Annada. Entre tanto, el underground metalero, caracterizado por su
independencia y marcada distancia del mainstream local, comenzó a segmentar los
estilos musicales producidos dando paso a las primeras subdivisiones del heavy
metal como thrash, death o black metal, que no lograron ser parte de la
industria discográfica local. Algunas bandas de la época documentaron sus
propuestas musicales en cassettes de producción autónoma o en compilados
promovidos por programas de radio o fanzines. En esta época destacan bandas
como Astral, Estertor, Lyzer Zort, Druidacaronta, Sobibor, Cámbrico, Bituminoso Piélago, Lio G, Abraxas, Profecía,
K-Oz, Xantoma, Paranirvana, Aurea, Arcano, Espíritu Venéreo, Narco Necrosys,
Arise, y, la banda de culto, D´Austria.
Metal
de la Capital Folklórica de Bolivia
Desde
la Capital Folklórica de Bolivia no resulta extraño que en el nuevo siglo
continúen las innovaciones producto de la fusión del rock o el metal con el
folklore boliviano. Las bandas bolivianas de heavy
metal de las últimas dos décadas del siglo XX, no hicieron fusión con el
folklore y se mantuvieron fieles a la estética occidental del heavy metal y sus
variantes hasta que en 2002 el grupo Bajo Tierra grabó el tinku titulado
El Sariri, composición de Nataniel Gonzales,
que junto a El Minero, un huayño de
Jaime Medinacelli, pusieron a la banda orureña frente al dilema de abrir la
escena metalera a la fusión con el folklore o mantenerse exclusivamente con la
estética tradicional.
Inicialmente
hubo mucho rechazo de fieles al heavy metal de la vieja escuela; pese a ello, en
2004 el álbum Jallpa Urapi de Bajo Tierra incluyó estas primeras experiencias
de canciones folklóricas con estética de heavy metal. En su segundo álbum de
2006 titulado Al Diablo, Bajo Tierra incluye versiones metaleras de las
canciones de Wara: Agua Clara y Aymara; además de ello, la morenada Aromeñita de Manuel Soliz también en
versión metalera.
Por
entonces, la aceptación a la fusión del heavy metal con el folklore fue
creciendo lentamente. La experiencia de interpretar canciones del folklore
nacional en estética metalera fue replicada en La Paz por Alcoholica con la
canción de Los Masis Celia y Armadura
con Ama Sua Ama Llulla Ama Qhella de
Kala Marka. Poco tiempo después se editaron dos discos compilatorios: el “Tributo
a los Kjarkas” y “Metal Marka”, álbumes que agruparon a varias bandas de rock y
metal en torno a canciones del folklore, con lo que se consolidó una nueva
vertiente musical, el folk metal boliviano, que no tardó mucho en proponer
composiciones con esta estética de bandas que adoptaron esta nueva forma de
rock metal boliviano.
Al
cierre de este artículo, Nataniel Gonzales, presentó su nuevo álbum “Buscando
en el Tiempo” reafirmando su sólida reputación como pionero del rock progresivo
boliviano que incluye la participación de Bajo Tierra y la Orquesta
Sinfónica de Oruro.
Bandas
del nuevo siglo
No
cabe duda que el acceso a nuevas tecnologías para la producción digital de
música ha permitido la documentación del trabajo musical de las bandas en el
nuevo siglo que transcurre. El monopolio de la grabación se ha perdido y las
producciones independientes, así como las diversas plataformas para
distribución de música lograron amplificar el grito artístico de una nueva
generación de músicos y de alguna manera la revitalización del archivo sonoro
de la historia del rock. Medios digitales como Púrpura en Línea, El Fin del
Silencio o programas de alcance nacional como Axesso, Resistencia o Stereo Top
Bol se han encargado, en las últimas dos décadas, de difundir la música de las
bandas del nuevo siglo.
En los años recientes, plataformas de digitales permiten la difusión independiente del trabajo de los grupos musicales y el surgimiento de espacios especializados. Son muchas las bandas que lograron mayor visibilidad en el nuevo contexto tecnológico para la difusión de la música de la tierra del Diablo, a continuación, mencionamos a algunas de ellas. Siempre con el riesgo de seguras omisiones, sepa el lector, son involuntarias y más bien considere este listado como una invitación a buscar y disfrutar del rock orureño en sus diversos géneros: 1979, Acedia, Animal Blasfemo, Arthurus, Azul Pezado, Brokam, Carlos Villegas, Crucifexus, Espectro, Espíritus del Vino, Eternal Blood, Evoke, Godless in Grace, Hand Connection, Hell Satan, Herodes Antipas, Hilaco, K´ernovil, Khoba, La Contra, Leocadia, Maze of Torment, Migraña, Murciélago, Murdok, Mush, Nico Estrella, No More Play, Orión, Oscura Evocación Humana, Paria, Personajes de Ficción, Pezados, Planeta Zombie, Radicario, Rigor Mortis, Sagah, Sat, Smokers, Sonder, Subliminal, Tormento Horrendo, Tumba Ancestral, Turbo Drive, Vadik Barrón y Yamil García.
Por
otra parte, la actividad musical en este tiempo demanda la intervención de
profesionales del sonido y la producción musical. Los orureños Gigio Diaz,
Alejandro Tórrez y Kevin Gutiérrez son actualmente y desde hace varios años,
importantes referentes de la producción musical, especialmente de géneros del
rock.
¿Dónde está la Ira?
Es
la pregunta que hace el arcángel Miguel para convocar al diablo que representa
el pecado capital de la Ira. Éste, cegado por la ira estrella su máscara con el
suelo mientras dice: “esta es la máscara del opresor…”, acto seguido el
arcángel pisotea la máscara como metáfora de victoria frente al mal. De
inmediato suena la danza de la diablada que marca el ritmo de la marcha de los
pecadores hacia el Templo del Socavón. Esta escena, parte del Relato de la
Diablada, sucede todos los “lunes de carnaval” en Oruro. Los diablos, liberados
del pecado son habitantes de la ciudad que le piden de rodillas a la Virgen del
Socavón que ella “suplique por su alma”. Esos mismos diablos escriben, pintan,
esculpen y cantan las historias de su pueblo y otras soñadas; muchos de ellos,
expresan su visión del mundo por medio del rock.
Estos
elementos de la cultura minera de Oruro hacen única la propuesta musical del
rock local, llena de sonidos e historias mitológicas, una identidad que ha
impregnado también la identidad nacional del rock boliviano que se invita a
explorar, conocer, cultivar y disfrutar.
FUENTE: Gritos Subterráneos: Relatos e Historias del Rock y Metal en Bolivia, serie: "Perspectivas y resistencias Musicales" Volumen 3, n° 1, 2025.




















