martes, 10 de febrero de 2026

ORUROCK: MÚSICA DESDE LA TIERRA DEL DIABLO

El rock boliviano inicialmente se desarrolla en las principales ciudades del eje troncal de Bolivia y en importantes centros de producción minera alrededor de la primera mitad de la década de los 60 promovido, en gran medida, por la inquietud de jóvenes artistas y empresas discográficas que vieron su potencial comercial. Oruro, la tierra del Diablo, se constituyó en importante referencia musical para el país y la región.

Pioneros, los mineros del rock boliviano

Por entonces, las empresas discográficas y radiodifusoras promovían festivales para identificar nuevos talentos que luego plasmarían su música en placas discográficas. Uno de estos festivales vio consolidarse al grupo Los Fantasmas en una primera etapa en formato instrumental, con la grabación de Go Go Fantasma, registrado por el sello Philips en el marco del Primer Concurso Nacional de la Canción en 1966; y luego se constituyó en uno de los principales referentes del rock orureño.  En 1970, Los Fantasmas de Oruro, comienzan a proponer canciones de corte psicodélico, registrando un nuevo EP con dos canciones: Ana María, composición de los hermanos Mendoza y Don't Let Me Be Misunderstood, un cover de The Animals.


Fueron integrantes de Los Fantasmas, en sus diversas etapas, los músicos: Enrique Mendoza en la primera guitarra, Ángel Castillo en el bajo, Nathaniel González en la voz, Axel Salvatierra en teclados, Justino Durán en batería, Hugo Mendoza en bajo eléctrico, Raúl Amurrio en la guitarra rítmica, Tino Durán en la batería, Leonardo Rodo, Hugo Karima en la percusión, Rolando Echeverría en sintetizadores, Rodolfo Berinduague en baterista, Freddy Rioja en percusión y Adolfo Sánchez en la voz alternativa.

A finales de los años 60, surge Los Batman en Machacamarca, a 30 kilómetros de la ciudad de Oruro, a la cabeza del compositor y cantante René Ajhuacho. El 11 de octubre de 1968 logró grabar su primera producción en el sello Caracol de Lauro Records que alcanzó éxito a nivel departamental, nacional e internacional con la canción Amor Feliz.

El mismo año nace Steepin Stones, convirtiéndose por su calidad interpretativa en uno de los grupos más importantes de la nueva era del rock boliviano. La formación inicial del conjunto reunía al ya célebre Nataniel González en la voz, Fernando González en guitarra, Ramiro Quieta en segunda guitarra, Ángel Queta Torres en el bajo eléctrico, Tordo La Fuente en batería y Leonel Rodo en teclados, quienes grabaron su primer EP por medio de la discográfica Polydor a través de Discos Méndez.


En 1970 surge el grupo Los Vagos, uno de los grupos más representativos de la escena musical boliviana por su alto nivel interpretativo que les permitió grabar cuatro EPs, el primero de ellos en el sello Psicofásico de Discos Mendez y luego en el sello Éxito de Discolandia para la edición de:
Distinta, Fingiste Quererme y Más Vale ser Vago que Rico. Los Vagos de Oruro contó con los músicos: Raúl Rojas en primera guitarra, Gustavo Zelaya en guitarra rítmica, Alfredo Alanes y Ramiro Pino Fajardo en el bajo eléctrico, Jorge Morales en batería, Mario Luis Mercado Rodríguez en la voz y Rolando Echeverría en los teclados.



En 1973, el compositor y cantante Nataniel Gonzales, formó parte de la primera alineación del grupo Wara aportando con composiciones para el álbum “El Inca: Música Progresiva Boliviana” considerado el álbum más importante de la historia del rock boliviano que incluye la canción Realidad que figuró varias veces como el tema más importante del rock boliviano en rankings de programas de radio nacionales.

En la década de los 70's surge otro proyecto de rock psicodélico. EL Grupo Ceniza de destacado desempeño instrumental bajo la dirección de Macario Lluta, junto a Carlos Aldunate en primera guitarra, Freddy del Carpio en bajo y voz, Leonel Rodo en teclados y Tordo Lafuente en batería, quienes registran su trabajo musical en sello Heriba entre los años 1974 y 1976, siendo su producción más destacada Carimbo Cirimbo, un cover del brasileño Pinduca, el instrumental Marcelino con alta influencia del estilo de Santana, el beat Locura y la canción Recuerdos.

En la localidad minera de Huanuni surge un grupo de trabajadores mineros, se trata de Los Ovnis, con fuerte impacto en la cultura musical boliviana desde mediados de los 70 y recientemente de retorno en escenarios del país, es uno de los grupos más importantes de la historia del rock boliviano. Los Ovnis de Huanuni, son excelentes cultores del rock psicodélico y el folk rock boliviano con canciones como Gente Pobre, Minero o Ya No Escucho Tu Voz.

Este grupo fue uno de los primeros en incluir mujeres en su formación, siendo sus integrantes: Absalón Zabala en la guitarra y voz, sus hermanas Noemy y Sara, bajista y tecladista respectivamente, Moisés Rivera en la batería, Roberto Montero, primer vocalista del grupo y Rosario Rivera, voz en el último EP de la primera banda de rock mixta de la historia de Bolivia.

Rock en tiempo de crisis

Los Ovnis fueron el último gran grupo orureño de los años 70s que además de aportar con excelente música, tuvieron que lidiar con las características de la dictadura del Gral. Banzer. El paso hacia la nueva década se caracterizó con la presencia militar en Palacio de Gobierno y una profunda crisis económica que golpeó a todas las actividades del país, y ni qué decir a las artes como la música rock.



En los años 80, la producción discográfica de rock se vio afectada tanto por la crisis económica como por el advenimiento de la música disco, pop, el folklore comercial y la música tropical que coparon la atención de las discográficas. El rock psicodélico y la nueva ola boliviana comenzaron a cobrar un tono clásico destinado al baúl de los recuerdos, mientras surgía una intensa en la comunidad rockera del país una atención por el heavy metal muy distante de la música comercial de ese tiempo. Por entonces pocos grupos a nivel nacional lograron grabar su trabajo como Metalmorfosis, OM o Trueno Azul. Los grupos cultores del rock y especialmente del heavy metal formaron la escena underground, protagonizando hasta finales del siglo XX festivales estudiantiles o eventos promovidos por programas de radio como Viva el Rock o Rock a tu Nivel.



En los años 90, a nivel nacional poco a poco volvieron a aparecer grabaciones de bandas de rock como Sacrilegio en Cochabamba, Dixi o Track en Santa Cruz; además, surgieron grupos más próximos al sonido más accesible como Coda 3, Loukass, Dies Irae o Annada. Entre tanto, el underground metalero, caracterizado por su independencia y marcada distancia del mainstream local, comenzó a segmentar los estilos musicales producidos dando paso a las primeras subdivisiones del heavy metal como thrash, death o black metal, que no lograron ser parte de la industria discográfica local. Algunas bandas de la época documentaron sus propuestas musicales en cassettes de producción autónoma o en compilados promovidos por programas de radio o fanzines. En esta época destacan bandas como Astral, Estertor, Lyzer Zort, Druidacaronta, Sobibor, Cámbrico, Bituminoso Piélago, Lio G, Abraxas, Profecía, K-Oz, Xantoma, Paranirvana, Aurea, Arcano, Espíritu Venéreo, Narco Necrosys, Arise,  y, la banda de culto, D´Austria.

Metal de la Capital Folklórica de Bolivia

Desde la Capital Folklórica de Bolivia no resulta extraño que en el nuevo siglo continúen las innovaciones producto de la fusión del rock o el metal con el folklore boliviano. Las bandas bolivianas de heavy metal de las últimas dos décadas del siglo XX, no hicieron fusión con el folklore y se mantuvieron fieles a la estética occidental del heavy metal y sus variantes hasta que en 2002 el grupo Bajo Tierra grabó el tinku titulado El Sariri, composición de Nataniel Gonzales, que junto a El Minero, un huayño de Jaime Medinacelli, pusieron a la banda orureña frente al dilema de abrir la escena metalera a la fusión con el folklore o mantenerse exclusivamente con la estética tradicional.



Inicialmente hubo mucho rechazo de fieles al heavy metal de la vieja escuela; pese a ello, en 2004 el álbum Jallpa Urapi de Bajo Tierra incluyó estas primeras experiencias de canciones folklóricas con estética de heavy metal. En su segundo álbum de 2006 titulado Al Diablo, Bajo Tierra incluye versiones metaleras de las canciones de Wara: Agua Clara y Aymara; además de ello, la morenada Aromeñita de Manuel Soliz también en versión metalera.

Por entonces, la aceptación a la fusión del heavy metal con el folklore fue creciendo lentamente. La experiencia de interpretar canciones del folklore nacional en estética metalera fue replicada en La Paz por Alcoholica con la canción de Los Masis Celia y Armadura con Ama Sua Ama Llulla Ama Qhella de Kala Marka. Poco tiempo después se editaron dos discos compilatorios: el “Tributo a los Kjarkas” y “Metal Marka”, álbumes que agruparon a varias bandas de rock y metal en torno a canciones del folklore, con lo que se consolidó una nueva vertiente musical, el folk metal boliviano, que no tardó mucho en proponer composiciones con esta estética de bandas que adoptaron esta nueva forma de rock metal boliviano.

Al cierre de este artículo, Nataniel Gonzales, presentó su nuevo álbum “Buscando en el Tiempo” reafirmando su sólida reputación como pionero del rock progresivo boliviano que incluye la participación de Bajo Tierra y la Orquesta Sinfónica de Oruro.



Bandas del nuevo siglo

No cabe duda que el acceso a nuevas tecnologías para la producción digital de música ha permitido la documentación del trabajo musical de las bandas en el nuevo siglo que transcurre. El monopolio de la grabación se ha perdido y las producciones independientes, así como las diversas plataformas para distribución de música lograron amplificar el grito artístico de una nueva generación de músicos y de alguna manera la revitalización del archivo sonoro de la historia del rock. Medios digitales como Púrpura en Línea, El Fin del Silencio o programas de alcance nacional como Axesso, Resistencia o Stereo Top Bol se han encargado, en las últimas dos décadas, de difundir la música de las bandas del nuevo siglo.



En los años recientes, plataformas de digitales permiten la difusión independiente del trabajo de los grupos musicales y el surgimiento de espacios especializados. Son muchas las bandas que lograron mayor visibilidad en el nuevo contexto tecnológico para la difusión de la música de la tierra del Diablo, a continuación, mencionamos a algunas de ellas. Siempre con el riesgo de seguras omisiones, sepa el lector, son involuntarias y más bien considere este listado como una invitación a buscar y disfrutar del rock orureño en sus diversos géneros: 1979, Acedia, Animal Blasfemo, Arthurus, Azul Pezado, Brokam, Carlos Villegas, Crucifexus, Espectro, Espíritus del Vino, Eternal Blood, Evoke, Godless in Grace, Hand Connection, Hell Satan, Herodes Antipas, Hilaco, K´ernovil, Khoba, La Contra, Leocadia, Maze of Torment, Migraña, Murciélago, Murdok, Mush, Nico Estrella, No More Play, Orión, Oscura Evocación Humana, Paria, Personajes de Ficción, Pezados, Planeta Zombie, Radicario, Rigor Mortis, Sagah, Sat, Smokers, Sonder, Subliminal, Tormento Horrendo, Tumba Ancestral, Turbo Drive, Vadik Barrón y Yamil García.



Por otra parte, la actividad musical en este tiempo demanda la intervención de profesionales del sonido y la producción musical. Los orureños Gigio Diaz, Alejandro Tórrez y Kevin Gutiérrez son actualmente y desde hace varios años, importantes referentes de la producción musical, especialmente de géneros del rock.

 

¿Dónde está la Ira?

Es la pregunta que hace el arcángel Miguel para convocar al diablo que representa el pecado capital de la Ira. Éste, cegado por la ira estrella su máscara con el suelo mientras dice: “esta es la máscara del opresor…”, acto seguido el arcángel pisotea la máscara como metáfora de victoria frente al mal. De inmediato suena la danza de la diablada que marca el ritmo de la marcha de los pecadores hacia el Templo del Socavón. Esta escena, parte del Relato de la Diablada, sucede todos los “lunes de carnaval” en Oruro. Los diablos, liberados del pecado son habitantes de la ciudad que le piden de rodillas a la Virgen del Socavón que ella “suplique por su alma”. Esos mismos diablos escriben, pintan, esculpen y cantan las historias de su pueblo y otras soñadas; muchos de ellos, expresan su visión del mundo por medio del rock.

Estos elementos de la cultura minera de Oruro hacen única la propuesta musical del rock local, llena de sonidos e historias mitológicas, una identidad que ha impregnado también la identidad nacional del rock boliviano que se invita a explorar, conocer, cultivar y disfrutar.


FUENTE: Gritos Subterráneos: Relatos e Historias del Rock y Metal en Bolivia, serie: "Perspectivas y resistencias Musicales" Volumen 3, n° 1, 2025.




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